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La mujer del viajero en el tiempo

14-12-2006

Mi recomendación de la semana, el libro que acabo de terminarme: La mujer del viajero en el tiempo, de Audrey Niffennegger.


Podría definirse como una fantasía sobre el amor y el destino. Pero, ¿estamos en el género fantástico o en el de la ciencia-ficción? Si tenemos en cuenta que lo fantástico es toda aquella historia que incluye fenómenos anormales que la ciencia no puede explicar -"Alicia en el País de las Maravillas", "El señor de los Anillos"- entonces, no es el caso de este libro. Toda la trama se sostiene en un argumento imposible hoy en día, pero explicable: por un desorden genético, Henry DeTamble nace con la cualidad de viajar en el tiempo. No a placer, sino, como si se tratara de una enfermedad parecida a la epilepsia, cuando menos se lo espera, y cuando más inoportuno le resulta a veces.


Y, sin embargo, rompemos la premisa básica de la ciencia-ficción: sus historias están ancladas en el futuro. Este libro transcurre en la época actual -a saltos entre diversos años. Y esos saltos hilan una deliciosa historia de amor, nada ñoña, como bien apuntan en Cyberdark. Una literatura que bebe de la tradición de la novela realista que nos ha dado a una Anne Tyler -"El turista accidental"- a una Annie L. Proulx -"Atando cabos", "Brokeback Mountain"- o a un Haruki Murakami -"Tokio Blues".


Así, vamos escuchando a los personajes -a veces Henry, a veces ella, Clare- que alternativamente nos van narrando la historia, su versión de la historia. Por ejemplo, Clare nos dice que conoce a Henry desde los seis años, pues él apareció desde el futuro (cuando tenía 38) y la encontró; los viajes de Henry suelen llevarle a lugares o personas con los que tiene un vínculo emocional. Clare se va enamorando desde niña de ese Henry adulto que aparece de vez en cuando en su jardín; desnudo, claro, pues nada puede llevarse en el viaje en el tiempo más que su propio cuerpo.


En cambio, Henry vive hasta los 28 sin saber de la existencia de Clare; sus viajes le llevan(entre otros destinos) a revivir una y otra vez la muerte de su madre en un accidente de coche, o a encontrarse consigo mismo cuando tenía 10 años. A los 28 Henry se encuentra con Clare, que lo sabe todo de él y él no la conoce aún... Y así se va entretejiendo la trama: sin un cabo suelto, los sucesos que han sido, son, y los que serán no pueden ser evitados pues el tiempo es una dimensión enorme, pero estrecha ¿o puede cambiarse el trazo preciso de sus líneas?


No cuento más, pues nada puede sustituír la lectura. Además, sus 600 páginas -en la edición de bolsillo- garantizan el placer de la inmersión para todas las vacaciones de Navidad... Y si a alguien le sobra tiempo, puede lanzarse a Puerta al verano, de Robert Heinlein -con una historia de amor aún más sui-géneris, aunque secundaria dentro de la trama- que, sin duda, está al mismo nivel.


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