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Poesía y edición, una amistad difícil

15-11-2006
Ayer me escribió un participante de uno de mis (varios) cursos de Poesía: le asaltaba la inseguridad, las dudas, esas mismas que tenemos de cuando en cuando tod@s l@s que escribimos...

Le respondí, y, al igual que Guillermo Ortiz (profesor de Microrelato y Redacción de estilo en Portaldelescritor) también quiero compartir mi respuesta con vosotr@s, como hizo él, pues también es, como la suya, una reflexión que puede servirnos a much@s.



Reproduzco aquí mi respuesta, manteniendo el anonimato de esa persona.

Dudas como las tuyas las tenemos todos, y muy a menudo. Desgraciadamente, el mundo editorial es difícil y carroñero; las publicaciones rara vez están basadas en la calidad literaria, sino más bien en las posibilidades de venta o promoción, con lo que los autores no conocidos -o poco conocidos- lo tenemos siempre difícil. Uno de mis profesores de Creación Literaria me dijo una vez: "Para publicar, sólo tienes que hacerte profesora de Universidad; así, como las editoriales saben que tienes muchos alumnos cada año, y que van a comprar tu libro, se arriesgan a publicártelo". Increíble, pero cierto.

No obstante, eso no quiere decir que sea imposible; te lo comento para que no te desanimes, ya que muchos libros no son rechazados por falta de calidad literaria, sino por criterios que no tienen nada que ver con el arte o la escritura. Además, estás dentro de un género (la poesía) que, de por sí, edita poco: un conocido que ha editado poesía tras ganar un premio -Universidad de Sevilla- decía que había una cola de libros a la espera de ser publicados en esa editorial de ¡varios años!

Y sobre la crítica que te ha hecho la editorial; para empezar, el hecho de que el editor se haya molestado en leer tus poemas y en responderte es muy buena señal. Además, la crítica es buena, muy constructiva. Destaca muchos aspectos positivos de tu poesía, y sólo te señala un tema para trabajar, que es, además, bastante técnico. (...)

Entrando en otro tema: no todas las editoriales sirven para todos los autores. Hay que echar un vistazo a los libros que tienen editados, a los poemas que suelen publicar, y ver si nuestro estilo encaja con el suyo. No sé a qué editorial enviaste tus poemas, pero si hubiera sido, por ejemplo, Visor (la del Premio Adonais), pues hay que saber que sus poetas suelen tener cierto regusto "clásico", y alguien como, por ejemplo, Nicanor Parra (el poeta de la anti-poesía, bastante experimental) seguramente jamás habría sido editado allí.



O si se tratara de la editorial Renacimiento, habría que tener en cuenta que está muy especializada en poesía de la Experiencia -una de las corrientes de la poesía contemporánea española, liderada por Luis García Montero- y en la que los poemas son muy "prosaicos" por decirlo de algún modo; tus poemas -creo- tampoco encajarían allí.

En cualquier caso, te recomiendo:

1. Para momentos de duda y desaliento, la lectura de las "Cartas a un Joven Poeta" de Rainer María Rilke; las puedes encontrar por internet, en la página de CiudadSeva, por ejemplo. Son, en sí mismas, retazos de poesía; dan consejos y, sobre todo, aliento y ganas de seguir escribiendo pese a todo. La poesía, no nos engañemos, es más una necesidad que un placer. Se escribe, como decía Marguerite Duras, "porque no se tiene más remedio que escribir". La poesía es una dura compañera del poeta, una compañera hecha de palabras, de emoción, de hechizo y de deseo; una amistad exigente y deliciosa, pero que dura siempre.

2. Mentalizarse de que el fin de la poesía es... la poesía. La publicación sólo es un obstáculo absurdo en mitad de nuestro camino; hay que lidiar con él, sí, pero no es lo importante. Lee y conoce vidas de poetas (por itnernet los encuentras). Los hay que publicaron poco, o nada. No importa, ellos escribieron.



3. Divertirte escribiendo. Recordar por qué escribes. Los poemas surgen en ti seguramente porque lo necesitas, porque, como dice Tagore "es la voz del Universo hablando a través de nosotros". Es así y no hay más remedio. Hay que mimar a la poesía cuando llega, como ella nos mima a nosotros. Y escribir sin freno, con pasión, con alegría. Muchos querrían hacerlo y no encuentran palabras: tú que las encuentras, úsalas, hazlas revivir, crecerse y brotar como savia nueva en los labios de otros.

4. Leer poesía. Estudiar técnicas, imitar a poetas, romper normas... probar y volver a probar: todo eso es importante, y es ineludible. Escribir poesía es forzar la intuición, dilatar la imaginación, vivir el suave aletear de los sentidos. Es derramarse y es dejarse ir. Pero ésa es sólo una parte: el oficio de escribir, sobre todo, es transpiración; es trabajar, fría y tenazmente, sobre la intención de poema surgida desde la inspiración. Escribir poesía es relatar la belleza de aquello que los demás miran sin ver.

5. No renunciar a nada. No darte por vencida.
Gabriel García Márquez envió "Cien Años de Soledad" a más de cien editoriales en todo el mundo; hay que tocar muchas puertas. Saramago empezó a escribir con casi 60 años; nunca es tan tarde como uno se imagina.

Y ahora, muy en concreto: prepara un poemario selecto (300 versos) -si quieres, una vez terminado el curso, para contar con más recursos.
Recuerda que el poemario es un todo; los poemas tienen que estar relacionados entre sí por su estilo, su tono, su tempo, incluso por los temas que tratan o por el poso de sensaciones que van dejando. Debe tener un título apropiado y magnético.



Mándalo a concursos (los concursos son una buena vía para lograr una primera publicación; una vez te publican, aunque sea en una pequeña editorial, los escalones se hacen menos elevados); envíalo a editoriales, pero, eso sí, escogiéndolas con criterio.

Y a esperar y seguir escribiendo. Decía Scott Fitzgerald que "dentro de todo novelista vive un campesino", pero diría yo que esa metáfora sirve para cualquier tipo de escritor: escribir es dejar que tu vida vaya a la par que la escritura, que tus textos maduren, evolucionen contigo. Vivimos en una sociedad en la que, si no hay resultados inmediatos, todo es una "pérdida de tiempo"; pero el tiempo no se pierde, se acumula. Y más en literatura: piel y palabras van mudando formas, definiéndonos; el corazón y la sangre no hablan igual desde los quince años que desde los cuarenta. Ni las pupilas fijan su atención en los mismos detalles. Cada día que pasamos en el mundo, cada libro que leemos, cada página que escribimos, es parte de lo que somos y lo que escribimos, y a eso no se le puede meter prisa.

Y termino con Rilke:

"Para ser artista, creador (...) no hay ninguna medida de tiempo: un año no cuenta, y diez años no son nada. Ser artista es no calcular y no contar, madurar como el árbol, que no apura su savia y que está confiado entre las tormentas de primavera, sin angustia de que no pueda llegar un verano más. Y éste llega, sin embargo. Pero solamente llega para los que tienen paciencia y viven despreocupados y tranquilos como si ante ellos se extendiera la eternidad. Paciencia es todo."

Un abrazo fuerte, y ánimo; no te olvides de disfrutar escribiendo, es lo más importante.

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