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STACCATTO

18-01-2005
(publicado en el libro recopilatorio "Baraka")

Fabián se abrocha los botones de la camisa. Después se la acerca a la cara y la huele.
-No te preocupes, no me he puesto perfume- dice Gloria.
-Estupendo…- murmura Fabian. Y se sienta en la cama para ponerse los zapatos. Gloria sigue tumbada en el colchón, con las sábanas cubriéndola hasta la cintura. Observa en silencio a Fabián, que termina de vestirse: se ajusta el cinturón y se pone su cazadora de ante. Se acerca a ella y la da un beso seco en la mejilla.
- Me voy
-Corre, tu mujercita te espera…- dice Gloria. Intenta encender un cigarrillo, pero el mechero no funciona hasta el tercer intento. Da una calada y mira a Fabián a los ojos. Tiene que volver hacia arriba la cabeza: él es muy alto.
-¿Nos vemos el sábado que viene, como siempre?- dice Gloria.
Él se detiene junto la puerta de la habitación.
-No…no sé- responde, sin mirar a la chica que esconde la mitad de su cuerpo desnudo bajo las sábanas.
-…ya…- dice Gloria. Y fuma otra calada mientras Fabián se va. Sin mirar atrás.
Fabián sale a la calle repleta de gente. Es sábado por la tarde y todo el mundo tiene prisa, todos entran en las tiendas, todos llevan paraguas. La tarde es gris y húmeda. Y Fabián echa un vistazo al reloj antes de comenzar a andar. Camina deprisa, esquivando la marea de gente que desborda las aceras.
Se detiene un momento frente al centro comercial. Comprueba en la cartera si lleva la tarjeta y entra. Fabián vuelve a olerse disimuladamente la camisa mientras las escaleras mecánicas le llevan hasta la última planta. Se arregla el pelo con la mano.
Cuando llega a la planta dedicada al ocio se dirige a la zona de los instrumentos musicales. Camina deprisa, esquivando a los clientes que se amontonan en la tienda este sábado por la tarde. Encima de una de las cajas registradoras, hay un violín guardado dentro de una vitrina de cristal. Es un violín vulgar, sin marca, no demasiado caro. Lo contempla un rato, hasta que se le acerca el dependiente, un hombre vestido en el uniforme oscuro del centro comercial.
-Buenas tardes, ¿busca algo?
Fabián inclina la cabeza: el dependiente es mucho más bajo que él. Echa un rápido vistazo al violín de la vitrina.
-Verá, mi mujer está aprendiendo a tocar el violín…
-Ajá
-Quisiera… quisiera regalarle algo para el violín, no sé…
-¿Cuánto dinero ha pensado usted…?
-Bueno, no mucho; bueno, la verdad es que tenía en mente algo así como un pequeño detalle, ya sabe…
El dependiente asiente en silencio. Fabián mete las manos en los bolsillos mientras el sigue con la mirada al dependiente que se aleja y regresa trayendo unas pequeñas cajas.
-¿Qué curso está estudiando su mujer?
-Bueno, está empezando ¿sabe? Lleva un par de años en el Conservatorio. Quizá tres.
El dependiente baraja las pequeñas cajas y escoge una. Fabián observa que se trata de un juego de cuerdas de violín que cuesta 2.000 ptas.
-¿Son … son buenas?
-Las hay mejores… - El dependiente aparta el resto de las pequeñas cajas y se encoge de hombros- pero no están mal para alguien que está aprendiendo. Son cuerdas resistentes, no se rompen con facilidad.
Fabián sopesa la caja en su mano. Saca la cartera del bolsillo de su cazadora.
-De acuerdo, envuélvamelo.
Cuando Fabián sale del centro comercial ha empezado a llover. Camina deprisa, sorteando con habilidad las varillas de los paraguas que quedan a la altura de su cabeza. Agarra con fuerza la bolsa del centro comercial, que se balancea al ritmo de sus pasos largos, urgentes. La lluvia es suave y tibia y las gotas resbalan perezosamente por su cara sin que Fabián haga nada por evitarlo.
Al entrar en su bloque se pisos se contempla en el espejo del hall. Se ha empapado, casi sin darse cuenta. Se pasa la mano por el pelo mojado y después intenta secársela frotándola contra la cazadora de ante. Tiene la nariz helada. Sube las escalones de dos en dos, aspirando el aire a bocanadas.
Antes incluso de abrir la puerta de su casa puede escuchar a Allegra. Está en el salón, practicando escalas con el violín. Casi sin errores. Fabián saca la pequeña caja envuelta en papel de regalo y la acaricia entre sus manos. Cierra la puerta de la calle y se quita la cazadora mojada en el recibidor.
-Cariño, soy yo- dice en voz alta.
Entra en el salón. Allegra ha dejado de tocar, pero mantiene el arco sobre el violín y no se vuelve a saludarle.
-Ya he llegado.- dice Fabián, acercándose a su mujer despacio.
-Ah- responde Allegra, sin volverse aún- ya has llegado.
La joven baja el violín y el arco lentamente y los deja apoyados en un extremo del sofá. Se aparta un mechón de pelo, distraída. Tiene un pelo largo, ondulado y espeso que le resbala como un velo por la espalda.
-¿Qué tal la reunión?- pregunta Allegra, sin mirarle.
-Te he traído un regalo: cuerdas nuevas para el violín- dice Fabián y le alarga la caja. Ella la coge pero no la abre, sólo la contempla sin mirar a Fabián. Fabián se acerca y la besa y le rodea los hombros con un brazo y la arrastra con suavidad hasta el sofá. Se sientan y Allegra abre la caja y pasa sus dedos por una de las cuerdas nuevas. Respira hondo. Fabián le da un beso en la punta de la nariz y ella no le mira.
-Me han dicho que son muy buenas ¿sabes?- Fabián hunde su cara húmeda en el pelo de Allegra y después lo aparta para hablarle al oído- de hecho, el dependiente me ha asegurado que estas cuerdas no se rompen nunca.
Allegra le mira desde abajo porque él es muy alto. Incluso sentados.
-¿No se rompen?- pregunta Allegra.
-Nunca - dice Fabián.
Allegra cierra los ojos y esconde su mano en la de Fabián.
-Estás helado.

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